Parashat Shᵉmini 5786

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Parasha
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Vayyikra 10:33 וַיֹּאמֶר מֹשֶׁה אֶל־אַהֲרֹן הוּא אֲשֶׁר־דִּבֶּר יְהֹוָה  לֵאמֹר בִּקְרֹבַי אֶקָּדֵשׁ וְעַל־פְּנֵי כׇל־הָעָם אֶכָּבֵד וַיִּדֹּם אַהֲרֹן׃
Y dijo Moshé a Aharón: “Esto es lo que ha dicho el Eterno, diciendo: En los que se acercan a mí me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado”. Y Aharón guardó silencio.

Hay escenas en la Torá que no solo se leen: se sienten. En el momento más intenso de inauguración espiritual del Mishkán, la alegría colectiva se quiebra de forma abrupta con la muerte de Nadav y Avihú. Y entonces, en medio de esa ruptura, la Torá nos deja una frase breve, casi insoportablemente densa: "Y Aharón guardó silencio". Ese silencio ha inquietado a lectores durante siglos. ¿Cómo puede alguien callar frente a una pérdida así? ¿Es resignación, aceptación, shock, fe? ¿O algo más complejo que no entra en ninguna de esas categorías?

La tradición no deja pasar este momento en silencio. El Midrash Vayikra Rabá propone que el silencio de Aharón es, en sí mismo, una forma de grandeza espiritual. No porque ignore el dolor, sino porque no lo traduce inmediatamente en palabras que intenten explicarlo o domesticarlo. Hay experiencias que desbordan el lenguaje. El dolor extremo, la pérdida inesperada, el quiebre de lo que parecía seguro, todo eso puede dejar a la persona sin palabras. No porque no haya qué decir, sino porque cualquier palabra resulta insuficiente.

El Sifra Shemini Mekhilta DeMiluim señala algo sorprendente: es después de este silencio que Di-s le habla directamente a Aharón. Como si, en ese espacio sin palabras, se abriera una forma distinta de encuentro. No un diálogo articulado, sino una presencia. Vivimos en una cultura que busca cerrar, explicar, entender. Queremos entender por qué pasan las cosas, encontrar sentido, construir relatos que ordenen el caos. Pero hay momentos en los que eso no es posible, al menos no todavía y tal vez nunca. Ahí el silencio de Aharón introduce una posibilidad incómoda pero profundamente honesta: la vida incluye experiencias que no pueden resolverse, solo sostenerse, y que sostener también es una forma de acción.

Quizás por eso el silencio de Aharón no es realmente silencio, es un grito que no se oye, un grito que no busca respuesta inmediata, un grito que no rompe el vínculo, aunque lo tensiona, un grito que no se traduce en palabras, pero que sigue presente. En la vida cotidiana, esto se manifiesta en esos momentos en los que algo duele y no sabemos cómo nombrarlo. Cuando la pregunta aparece, pero no encuentra eco. Cuando hablar no alcanza. Y sin embargo, seguimos.

Hay una forma de fe que se construye sobre certezas. pero hay otra más frágil que se construye sobre la capacidad de vivir con preguntas abiertas. El silencio de Aharón no enseña a dejar de preguntar, enseña que no toda pregunta necesita una respuesta inmediata para que la vida continúe. Se puede estar herido y entero al mismo tiempo. Que se puede no entender y aun así no romper.

Ese es, quizás, el mensaje más exigente de este episodio, y también uno de los más humanos.

 

¡Shabbat Shalom! ¡Shalom al Yisra’el, Shalom al olam!

Hamoré Sergio Man
Abril 2026