- Parasha
- Visto: 104
Shᵉmot 35:21 "Vino todo hombre que lo impulsó su corazón, y todo aquel que dispuso su espirítu a él, trayendo la ofrenda del Eterno, para la labor de la Tienda de Reunión, para todo su trabajo, y para las vestiduras sagradas." וַיָּבֹאוּ כׇּל־אִישׁ אֲשֶׁר־נְשָׂאוֹ לִבּוֹ וְכֹל אֲשֶׁר נָדְבָה רוּחוֹ אֹתוֹ הֵבִיאוּ אֶת־תְּרוּמַת יְהֹוָה לִמְלֶאכֶת אֹהֶל מוֹעֵד וּלְכׇל־עֲבֹדָתוֹ וּלְבִגְדֵי הַקֹּדֶשׁ׃
La grandeza espiritual no se impone. Nace cuando el corazón decide dar. El Mishkán se construyó no por obligación, sino por corazones movidos por generosidad. Los sabios enseñan en los midrashim que no todos tenían lo mismo para ofrecer. Algunos trajeron oro, otros telas, otros trabajo con sus manos. Sin embargo, lo que realmente construyó el Mishkán no fue la cantidad del donativo, sino la intención del corazón.


