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Shᵉmot 10:23 No veia un hombre a otro, ni se podía levantar ningún hombre de su lugar tres días. Pero para todos los hijos de Israel había luz en sus moradas.
לֹא־רָאוּ אִישׁ אֶת־אָחִיו וְלֹא־קָמוּ אִישׁ מִתַּחְתָּיו שְׁלֹשֶׁת יָמִים וּלְכׇל־בְּנֵי יִשְׂרָאֵל הָיָה אוֹר בְּמוֹשְׁבֹתָם׃

Durante la novena plaga, la de la oscuridad, la Torá no solo nos cuenta de un fenómeno físico extraordinario, sino que nos presenta una experiencia comunitaria y moral profunda, conectada con la empatía, la conexión humana y la revelación espiritual. Este aspecto, según interpretaciones rabínicas, representa perder la habilidad de ver al otro, refleja una sociedad donde la mirada compasiva desaparece y reina el egoísmo.

Shᵉmot 6:9 Habló Moshe así a los hijos de Israel, empero ellos no escucharon a Moshe por causa del agotamiento de espíritu y por causa del duro trabajo. וַיְדַבֵּר מֹשֶׁה כֵּן אֶל־בְּנֵי יִשְׂרָאֵל וְלֹא שָֽׁמְעוּ אֶל־מֹשֶׁה מִקֹּצֶר רוּחַ וּמֵעֲבֹדָה קָשָׁה׃

El pueblo de Israel, esclavizado por años, no escucha las palabras de promesa y redención de Moshé. Este no logra llegar a sus corazones, no porque sea difícil de creer, sino porque el sufrimiento bloqueaba la capacidad de percibir esperanza.

Shᵉmot 1:12 Pero cuanto más los oprimían, tanto más se multiplicaban y crecían, de modo que los egipcios llegaron a temer a los israelitas.
וְכַאֲשֶׁר יְעַנּוּ אֹתוֹ כֵּן יִרְבֶּה וְכֵן יִפְרֹץ וַיָּקֻצוּ מִפְּנֵי בְּנֵי יִשְׂרָאֵל׃

Comenzamos nuevamente el libro de Shᵉmot, el relato del nacimiento de nuestro pueblo. Un libro que abre con una sombra: la esclavitud, pero que, desde su primera página, también enciende una luz. Podemos imaginar el contraste: Por un lado, un faraón que teme, que intenta controlar, que busca apagar una llama creciente. Y del otro, un pueblo que, contra toda lógica, sigue creciendo, sigue viviendo, sigue soñando.

Bᵉreshit 48:16 El ángel, que me libera de todo mal, bendecirá a los jóvenes, y llamará en ellos mi nombre y el nombre de mis padres, Avraham e Itzjak, y se multipliquen enormemente en el interior de la tierra
הַמַּלְאָךְ הַגֹּאֵל אֹתִי מִכׇּל־רָע יְבָרֵךְ אֶת־הַנְּעָרִים וְיִקָּרֵא בָהֶם שְׁמִי וְשֵׁם אֲבֹתַי אַבְרָהָם וְיִצְחָק וְיִדְגּוּ לָרֹב בְּקֶרֶב הָאָרֶץ׃

En la parashá de esta semana encontramos uno de los momentos más tiernos y trascendentes de toda la Torá. El patriarca Yaakov, anciano y lleno de años, llama a sus nietos Efraim y Menashé, los hijos de Yosef, y les da una bendición que hasta hoy resuena en nuestros hogares. En estas pocas palabras, Yaakov condensa toda una vida de experiencias y habla, no solo como padre y abuelo, sino como alguien que ha visto la mano de Di-s en los momentos más oscuros y luminosos de su camino.

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