Parashot Tazria‘ - Mᵉtzora‘ 5786

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Parasha
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Vayyikra 12:2 דַּבֵּר אֶל־בְּנֵי יִשְׂרָאֵל לֵאמֹר אִשָּׁה כִּי תַזְרִיעַ וְיָלְדָה זָכָר וְטָמְאָה שִׁבְעַת יָמִים כִּימֵי נִדַּת דְּוֺתָהּ תִּטְמָא׃ Y dirás a los hijos de Israel: Cuando una mujer conciba y dé a luz un varón, quedará impura durante siete días; quedará impura como durante su período menstrual.

La Torá establece que, tras dar a luz, la mujer entra en un estado de tumá (impureza ritual), comparable al de la menstruación. Esta afirmación genera una tensión inmediata: ¿cómo puede un acto tan profundamente asociado con la vida, la creación y la bendición divina producir un estado de impureza?

En su nivel más básico, el texto establece un sistema normativo dentro de las leyes de pureza ritual. La tumá no implica pecado ni impureza moral, sino un estado técnico que restringe el acceso a lo sagrado, particularmente al santuario (Mikdash) y a ciertos objetos consagrados.

Dentro del sistema sacerdotal de Vayyikra, la realidad se organiza en categorías: puro/impuro, permitido/restringido, sagrado/profano. La mujer que da a luz entra en una de estas categorías temporales, que luego será revertida mediante el paso del tiempo y la ofrenda correspondiente.

Es fundamental subrayar que el texto no ofrece una justificación explícita. La Torá describe el fenómeno, pero no lo explica. Esta ausencia abre el espacio para la interpretación.

En el Talmud Nida 31b dice: “Los discípulos del rabino Shimon ben Yoḥai le preguntaron: ¿Por qué dice la Torá que una mujer, después del parto, debe presentar una ofrenda? Él les respondió: Cuando una mujer se pone de rodillas para dar a luz, su dolor es tan intenso que jura impulsivamente no volver a tener relaciones sexuales con su esposo, para no volver a experimentar ese dolor. Por lo tanto, la Torá dice que debe presentar una ofrenda por haber violado su juramento y haber continuado teniendo relaciones sexuales con su esposo”. Posteriormente, el sacrificio (korban) que trae no sería por el parto en sí, sino como expiación por ese juramento.

Esta interpretación desplaza el foco, la impureza no es consecuencia del nacimiento, sino de una reacción emocional extrema al sufrimiento físico.

Aquí la Torá reconoce implícitamente la intensidad psicológica del parto. No idealiza la experiencia, sino que la presenta en toda su crudeza humana.

Cómo conclusión podemos revelar la noción de impureza en la Torá, como algo profundamente distinto de las categorías morales modernas. La tumá no indica suciedad ni culpa, sino un estado transitorio vinculado a los límites entre vida y muerte, cuerpo y santidad.

El parto, lejos de ser reducido a un evento biológico, aparece como una experiencia total, física, emocional y espiritual.

La impureza que le sigue no contradice su carácter milagroso, sino que lo subraya. Es precisamente por la intensidad del encuentro con la vida que se requiere un tiempo de separación.

En este sentido, la tumá puede entenderse no como una negación de lo sagrado, sino como su consecuencia: una marca de haber atravesado un umbral donde lo humano y lo divino se tocan.

¡Shabbat Shalom! ¡Shalom al Yisra’el, Shalom al olam!

Hamoré Sergio Man
Abril 2026