Vayyikra 25:23 וְהָאָרֶץ לֹא תִמָּכֵר לִצְמִתֻת כִּי־לִי הָאָרֶץ כִּי־גֵרִים וְתוֹשָׁבִים אַתֶּם עִמָּדִי׃ "La tierra no podrá venderse a perpetuidad, porque la tierra es Mía; pues vosotros sois extranjeros y residentes Conmigo".
La ilusión del “Mío”. Vivimos en una cultura obsesionada con la acumulación y la seguridad jurídica. Firmamos escrituras, registramos patentes y levantamos muros para delimitar lo que llamamos “propio”. Sin embargo, el texto bíblico lanza una provocación que desarma todo nuestro sistema de valores económicos y psicológicos.
La premisa es radical: Nada es completamente nuestro. No somos dueños de la tierra, ni del tiempo, ni, en última instancia, de nosotros mismos.
I. El Ancla Textual
El corazón de esta reflexión se encuentra en la Parasha Behar:
Análisis de las fuentes:
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Rashi: Nos recuerda que el estatus del ser humano en el mundo no es el de un propietario absoluto (ba’al), sino el de un inquilino o un concesionario.
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El Kli Yakar: Sugiere que la fragilidad de nuestra posesión sobre la tierra es un recordatorio de nuestra mortalidad. Si la tierra fuera nuestra “a perpetuidad”, olvidaríamos nuestra condición de seres transitorios.
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El concepto de Ger veToshav (Extranjero y Residente): Existe una paradoja legal aquí. Somos “residentes” porque habitamos el mundo, pero “extranjeros” porque no tenemos la autoridad final sobre él.
II. La Dimensión Filosófica: Propiedad vs. Custodia
La distinción entre poseer y custodiar cambia completamente nuestra ética diaria.
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El Shabbat del suelo: El contexto de este versículo es el precepto de Shmitá (el año sabático de la tierra). Así como el Shabbat nos enseña que no somos dueños del tiempo, la Shmitá nos enseña que no somos dueños del espacio.
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La desmercantilización de la vida: Al decir que la tierra “no se venderá a perpetuidad”, la Torá rompe el ciclo del capitalismo desenfrenado. Pone un límite al poder del hombre para convertir la creación en una simple mercancía.
III. Reflexión: ¿Qué nos pertenece realmente?
Si aplicamos la lógica de Vayyikrá a nuestra realidad actual, el concepto de “Propiedad Privada” se transforma en “Responsabilidad Privada”.
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El Cuerpo y la Salud: No “tenemos” un cuerpo; habitamos un organismo que se nos ha prestado para realizar una misión. Esto cambia la perspectiva de la salud de un deseo estético a un deber ético.
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El Talento y el Intelecto: Nuestras capacidades no son méritos para el ego, sino herramientas para el servicio. El “derecho de autor” palidece ante la responsabilidad de compartir la sabiduría.
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El Impacto Ecológico: Si la tierra es de Di-s, el extractivismo voraz no es solo un error ecológico, es una profanación. Somos los mayordomos de un palacio ajeno.
Conclusión: La Libertad de no Poseer
La frase “Nada es completamente nuestro” suele generar angustia en una sociedad materialista. Pero, bien entendida, es una fuente de liberación.
Si nada es mío, no tengo que cargar con el peso de protegerlo para siempre. Si soy un “residente junto a Di-s”, entonces nunca estoy solo en mi propiedad; estoy invitado a Su mesa. Reconocer nuestra extranjería es, irónicamente, la única forma de sentirnos verdaderamente en casa en este mundo.
¡Shabbat Shalom! ¡Shalom al Yisra’el, Shalom al olam!
Hamoré Sergio Man
Mayo 2026