Di, pues: «Le concedo mi pacto de paz». Bᵉmidbar 25:12
לָכֵ֖ן אֱמֹ֑ר הִנְנִ֨י נֹתֵ֥ן ל֛וֹ אֶת־בְּרִיתִ֖י שָׁלֽוֹם׃
¿Es la paz un estado de anestesia individual o el resultado de una tensión ética resuelta? A través del análisis del texto masorético, la filosofía rabínica y los maestros del jasidismo, descubrimos que el concepto hebreo de shalom (שָׁלוֹם) dista mucho de ser una llanura sin sobresaltos. La paz auténtica cotiza cara y, paradójicamente, suele portar la marca de una fractura.
En la transmisión exacta de los rollos de la Torá (la Masorá), los escribas preservaron una anomalía gráfica única en este versículo: la letra vav (ו) de la palabra shalom (שָׁלוֹם) debe escribirse con una fisura o corte transversal en el medio de su trazo vertical. Es la vav quebrada (vav Kᵉti‘a). La doble moral radica en creer que podemos edificar un estado de bienestar espiritual absoluto sobre la base de la agresión externa o interna. El texto nos advierte: la paz que se alcanza a través del quiebre de los límites morales comunes es una paz herida, una estructura que arrastra una cicatriz indeleble.
El gran comentarista Naftalí Zví Yehuda Berlín (el Netziv de Volozhin, 1816–1893) expone en su obra Ha‘amek Davar el trasfondo psicológico de esta letra rota. El Netziv explica que el acto violento de Pinḥas, aunque contextualmente necesario para contener una epidemia moral, dejó una herida en su propia naturaleza. El Eterno le otorga un "pacto de paz" no como un trofeo de guerra, sino como un proceso de curación y contención psicológica. El celo extremo deforma el alma; la violencia, aun cuando persigue la justicia, rompe la paz interna de quien la ejecuta.
La doble moral radica en creer que podemos edificar un estado de bienestar espiritual absoluto sobre la base de la agresión externa o interna. El texto nos advierte: la paz que se alcanza a través del quiebre de los límites morales comunes es una paz herida, una estructura que arrastra una cicatriz indeleble.
Buscar una paz interior que nos aísle de las demandas éticas de nuestro entorno, o que ignore nuestras propias contradicciones internas, es una claudicación moral. El místico judío no busca el Nirvana del vacío; busca el shalom derivado de la raíz shalam (integridad), un equilibrio dinámico que asume el costo de mantener la rectitud en medio de la tormenta.
Cualquier noción de paz que nos exija cerrar los ojos ante la injusticia, evadir la tensión de nuestras propias contradicciones o fingir una entereza que no poseemos es una falsa moralidad. La auténtica paz de El Eterno puede estar fragmentada como la vav de Pinḥas, puede portar el silencio de la pᵉtuḥah, pero se mantiene en pie porque prefiere la honestidad de la cicatriz antes que la impostura de una perfección inexistente.
¡Shabbat Shalom! ¡Shalom al Yisra’el, Shalom al olam!
Hamoré Sergio Man
Julio 2026