Parashat ‘Ekev 5786 (Ekev)

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Parasha
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וְזָֽכַרְתָּ֙ אֶת־יְהֹוָ֣ה אֱלֹהֶ֔יךָ כִּ֣י ה֗וּא הַנֹּתֵ֥ן לְךָ֛ כֹּ֖חַ לַעֲשׂ֣וֹת חָ֑יִל לְמַ֨עַן הָקִ֧ים אֶת־בְּרִית֛וֹ אֲשֶׁר־נִשְׁבַּ֥ע לַאֲבֹתֶ֖יךָ כַּיּ֥וֹם הַזֶּֽה׃
"Y recordarás al Eterno tu Di-s, porque él te da el poder para hacer riquezas, a fin de confirmar su pacto que juró a tus padres, como en este día"
(Dᵉvarim 8:18)

Vivimos en la era de la meritocracia extrema, donde se nos repite que el éxito es 100% fruto del talento y la disciplina individual. Pero, ¿qué pasa cuando atribuirnos absolutamente todo, nos desconecta de la humildad? 🤔 La Torá y el judaísmo no desmerecen el trabajo duro ni la iniciativa personal. Lo que hace es reencuadrar la perspectiva: la salud, los talentos innatos, las oportunidades y la capacidad misma de levantarse cada mañana a trabajar son regalos que trascienden el ego.

Rashi señala que si crees que tu riqueza proviene únicamente de tu habilidad, estás olvidando que la causa primaria de que tus esfuerzos prosperen es que Di-s está cumpliendo la promesa histórica hecha a tus ancestros. Tu prosperidad es una prueba viviente de la fidelidad del pacto. El esfuerzo es tuyo, pero las herramientas con las que lo construyes son un regalo.

Vivimos sumergidos en la cultura del esfuerzo individual. El discurso corporativo, las redes sociales y el mundo del emprendedurismo suelen rendir culto a la meritocracia absoluta: la narrativa del hombre o la mujer que, únicamente mediante su disciplina, talento inquebrantable y noches en desvelo, erige su propio triunfo desde cero. Bajo esta premisa, el éxito se presenta como el trofeo exclusivo del mérito personal, y el fracaso, como la responsabilidad única de quien no se esforzó lo suficiente. Sin embargo, esta tensión entre la autosuficiencia y la gratitud no es nueva. Hace más de tres milenios, el texto bíblico en esta sección ya identificó la psicología detrás del éxito y los sesgos del ego humano cuando las cosas van bien.

Cuando comprendemos que nuestros talentos y oportunidades son herramientas recibidas, y no meros trofeos del ego, los logros cambian de sentido: dejan de ser un fin en sí mismos para convertirse en una responsabilidad social y comunitaria.

Muchos emprendedores o profesionales apasionados dicen: "A mí nadie me regaló un peso, empecé desde abajo". Y en muchos casos es estrictamente cierto en términos monetarios directos. Los Sabios nunca vieron al individuo como un átomo aislado. El concepto de Zejut Avot enseña que gran parte de lo que somos no lo ganamos nosotros, sino que lo heredamos de las generaciones que nos precedieron.

En lugar de hablar de "privilegios invisibles", un término que suele generar rechazo o culpa paralizante, los Jajamim nos proponen una mirada mucho más elevada: el concepto de Pikadon (depósito en custodia). Para la tradición rabínica, la inteligencia, la salud, la estabilidad familiar y los recursos no son méritos para enorgullecerse ni privilegios por los cuales sentir culpa: son herramientas puestas bajo nuestra responsabilidad.

Entonces, nada de lo que recibimos nos pertenece del todo; nos fue confiado para ver qué hacemos con ello. Quien recibió un punto de partida más favorable no es "superior", sino que tiene una exigencia mayor. No es dueño de su éxito, sino administrador de los recursos que le fueron otorgados para generar valor y beneficiar a su comunidad.

¡Shabbat Shalom! ¡Shalom al Yisra’el, Shalom al olam!

Hamoré Sergio Man
Julio Agosto 2026