Parashot Vayyakhel - Pᵉkudei 5786 (Vaiakel - Pekudei)

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Parasha
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Shᵉmot 35:21 "Vino todo hombre que lo impulsó su corazón, y todo aquel que dispuso su espirítu a él, trayendo la ofrenda del Eterno, para la labor de la Tienda de Reunión, para todo su trabajo, y para las vestiduras sagradas." וַיָּבֹאוּ כׇּל־אִישׁ אֲשֶׁר־נְשָׂאוֹ לִבּוֹ וְכֹל אֲשֶׁר נָדְבָה רוּחוֹ אֹתוֹ הֵבִיאוּ אֶת־תְּרוּמַת יְהֹוָה לִמְלֶאכֶת אֹהֶל מוֹעֵד וּלְכׇל־עֲבֹדָתוֹ וּלְבִגְדֵי הַקֹּדֶשׁ׃

La grandeza espiritual no se impone. Nace cuando el corazón decide dar. El Mishkán se construyó no por obligación, sino por corazones movidos por generosidad. Los sabios enseñan en los midrashim que no todos tenían lo mismo para ofrecer. Algunos trajeron oro, otros telas, otros trabajo con sus manos. Sin embargo, lo que realmente construyó el Mishkán no fue la cantidad del donativo, sino la intención del corazón.

Hoy, cada acto de generosidad, por pequeño que parezca, es una piedra más en la construcción de un mundo donde la presencia de Di-s puede revelarse. El Mishkán no fue construido solamente porque Di-s lo ordenó, fue construido porque el pueblo necesitaba un lugar, así como lo explica el Ramban: "El secreto del Tabernáculo reside en que la Gloria que residía en el Monte Sinaí [abiertamente] residiera en él de manera oculta". 

Después de la revelación en el Monte Sinaí, el pueblo había experimentado una cercanía única con Di-s y el Mishkán surge para prolongar esa cercanía dentro de la vida del pueblo. Por eso los comentaristas ven algo profundo, las donaciones no son solo obediencia a una orden divina, sino la respuesta de un pueblo que desea que la Presencia divina habite entre ellos.

La misma frase de este versículo lo encontrabámos unas semanas atrás en Parashat Tᵉruma 5786 (Teruma). En ambos aparece la misma idea central: el corazón. La contribución al Mishkán no debía ser forzada porque Di-s no pidió impuestos ni tributos obligatorios, pidió algo mucho más profundo, personas cuyo corazón quisiera dar. El santuario debía construirse con voluntad interior, no con presión exterior.

La diferencia con nuestro texto hoy, es la respuesta humana aparece espíritu, Di-s abre la puerta, el ser humano decide entrar. Tal vez por eso la Torá repite la idea del corazón en ambos lugares, ya que lo sagrado no nace solo del mandato, ni solo del entusiasmo humano, nace cuando lo divino y el corazón del hombre se encuentran.

Cada persona trajo algo distinto, pero juntos crearon un espacio donde la Presencia Divina pudo habitar. Esta es una enseñanza profunda: el mundo se transforma cuando las personas dejan de preguntar "¿cuánto tengo?" y comienzan a preguntar "¿qué puedo ofrecer?". El Mishkán fue construido por muchas manos, pero sobre todo por muchos corazones generosos, y quizá esa sea la lección más importante para nosotros hoy: cuando el corazón se mueve a dar, algo sagrado comienza a construirse.

¡Shabbat Shalom! ¡Shalom al Yisra’el, Shalom al olam!

Hamoré Sergio Man
Marzo 2026