Parashat Ki Tetze 5786

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Parasha
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"No verás el asno de tu hermano o su buey caídos en el camino y te esconderás de ellos; ciertamente lo ayudarás a levantarlos" (Dᵉvarim 22:4)
לֹא־תִרְאֶה֩ אֶת־חֲמ֨וֹר אָחִ֜יךָ א֤וֹ שׁוֹרוֹ֙ נֹפְלִ֣ים בַּדֶּ֔רֶךְ וְהִתְעַלַּמְתָּ֖ מֵהֶ֑ם הָקֵ֥ם תָּקִ֖ים עִמּֽוֹ׃

¿Tenemos el deber ético de intervenir cuando la carga de otro los sobrepasa, o nos está permitido seguir de largo si el problema no nos pertenece? La respuesta que ofrece la tradición judía es contundente: no existe la neutralidad ante la dificultad del prójimo.

La evasión no es considerada una simple falta de cortesía, sino una transgresión a la empatía básica. Este principio, que transforma la mirada pasiva en acción concreta, se encuentra explicitado en el texto bíblico dentro de las leyes de la parashá Ki Tetzé.

Para comprender el alcance de este precepto, los sabios del Talmud y los comentaristas clásicos no se detuvieron únicamente en la imagen superficial del animal cargado, sino que analizaron la psicología humana detrás del acto de ignorar.

El Midrash analiza esta formulación y enseña que la Torá anticipa el mecanismo de defensa natural del individuo: cerrar los ojos o desviarlos intencionadamente para eximirse del trabajo que implica ayudar. No se trata de no haber visto, sino de forzarse a no ver.

Por su parte, en el Talmud los sabios discuten los detalles normativos de esta mitzvá (conocida como Hakamat Masa) y extraen un concepto ético fundamental: el alivio del sufrimiento animal (Tza’ar Ba’alei Jayim). Si la Torá exige detener nuestro camino y emplear esfuerzo físico para aliviar el sufrimiento de un animal de carga que ni siquiera nos pertenece, con cuánta mayor razón debemos actuar cuando quien colapsa bajo el peso de la rutina, la angustia o la presión es un ser humano.

Siguiendo las enseñanzas del Baal Shem Tov, la tradición jasídica explica que la palabra jamor (asno) comparte la misma raíz hebrea que jomer (materia o materialidad). Cuando una persona ve la “materialidad” o el cuerpo de su compañero caído, es decir, cuando nota que su prójimo está abrumado por necesidades físicas, económicas o emocionales que le impiden elevarse espiritual o intelectualmente, no debe juzgarlo ni alejarse con desdén. La instrucción es «ciertamente lo ayudarás»: involucrarse para ayudarlo a elevar su carga material y transformarla en una fuerza constructiva.

La parashá Ki Tetzé nos presenta un espejo incómodo pero transformador. En un mundo que nos empuja constantemente a la velocidad, a la eficiencia individual y a la hiper-especialización, detenerse a levantar la carga de otro parece un acto irruptivo. Sin embargo, es precisamente en esa pausa donde se mide la verdadera estatura moral de una sociedad. La santidad no se construye únicamente en la elevación espiritual abstracta, sino en la capacidad concreta de inclinarse hacia el suelo, mirar de frente la dificultad del compañero y ofrecer un hombro firme para aliviar su camino.

Texto relacionado: Parashat Ki-tetze 5783

¡Shabbat Shalom! ¡Shalom al Yisra’el, Shalom al olam!

Hamoré Sergio Man
Agosto 2026