Vayyikra 6:6 "Fuego continuo arderá sobre el altar, no se apagará" אֵשׁ תָּמִיד תּוּקַד עַל־הַמִּזְבֵּחַ לֹא תִכְבֶּה׃
Pero si uno se detiene, ve que la Torá no dice encenderás fuego, sino algo más exigente: no lo dejes apagar. Entonces la pregunta es simple: ¿qué es más difícil, encender o mantener? Todos conocemos la respuesta. Empezar algo suele venir con entusiasmo, con energía, con claridad. Mantenerlo en el tiempo, cuando la emoción baja, cuando ya no es nuevo, eso ya es otra historia.
La Guemará enseña que en el mizbeaj había fuego que descendía del cielo. Es decir, la chispa inicial no dependía del hombre. Y aún así, había mitzvá de que el kohen agregue fuego propio. Esto abre una pregunta clave: si ya hay fuego de Di-s, ¿para qué hace falta el fuego del hombre? La respuesta es que la Torá no está construida sobre momentos de inspiración, sino sobre continuidad. El fuego de arriba puede encender, pero no puede reemplazar la constancia de abajo.
Y ahora miremos el momento en el que estamos. Shabbat HaGadol, a las puertas de Pesaḥ. Antes de la salida de Egipto, Am Yisra’el recibe una orden inesperada: tomar el cordero egipcio. No es un milagro, es una acción concreta, incluso arriesgada.
Entonces surge la pregunta: ¿por qué empezar la redención con una acción humana y no con un acto divino? Porque incluso cuando Di-s está por revelarse de la manera más abierta, quiere que haya participación humana. Quiere ver si el pueblo es capaz de prender su propio fuego.
Esta festividad de Pesaḥ trae una luz enorme, una inspiración que no construimos. Pero la parashá de esta semana (Tzav) viene a ubicarnos: lo importante no es el momento del encendido, sino lo que viene después.
Entonces la pregunta que cada uno se puede hacer es: ¿qué pasa cuando la inspiración baja, cuando termina Pesaḥ, cuando vuelve la rutina? Ahí entra el pasuk: no lo dejes apagar.
No dependas solo de lo que viene de arriba. Construí algo que pueda sostenerse también desde abajo. Tal vez esa es la verdadera preparación, no solo estar listos para recibir fuego, sino asumir la responsabilidad de mantenerlo, porque Di-s puede tomar la iniciativa, pero hay una parte que queda en nuestras manos: no quedarnos sentados esperando.
Pero cuanto más lo pensamos… más raro se vuelve. Sabemos que en Shabbat está prohibido encender fuego; entonces déjenme preguntarles algo:
- Si el fuego se apagaba en Shabbat… qué hacían?
- ¿Lo volvían a prender? ¿Esperaban? ¿Se quedaba apagado?
La respuesta es profunda: idealmente, no se apagaba nunca. Los kohanim se ocupaban de mantenerlo siempre encendido, y aún si surgía una situación especial, el servicio del Beit HaMikdash seguía funcionando, porque los korbanot tienen prioridad incluso sobre las leyes de Shabbat.
Y por eso este Shabbat se llama Shabbat HaGadol. No solo por los milagros que ocurrieron, sino porque marca el momento en que un pueblo deja de esperar y empieza a actuar. El paso de lo "grande" no es el milagro, es la decisión humana de sostener lo que se recibe.
Y tal vez esa es la preparación real para Pesaḥ: No solo estar listos para encender la llama, sino decidir qué tipo de personas somos cuando ese fuego ya está prendido.
¡Shabbat Shalom! ¡Shalom al Yisra’el, Shalom al olam!
Hamoré Sergio Man
Marzo 2026


