Bᵉreshit 45:5 Ahora, no se entristezcan ni se enojen por haberme vendido aquí, porque para darles vida me envió Di-s delante de ustedes. וְעַתָּה אַל־תֵּעָצְבוּ וְאַל־יִחַר בְּעֵינֵיכֶם כִּי־מְכַרְתֶּם אֹתִי הֵנָּה כִּי לְמִחְיָה שְׁלָחַנִי אֱלֹהִים לִפְנֵיכֶם׃׃
Un momento decisivo en la historia de Yosef. Después de años de separación, dolor y culpa, estando en Egipto se le presenta la oportunidad de reencontrarse con sus hermanos, por un instante oculta su identidad pero se revela ante ellos. Están frente a frente, los que lo vendieron y aquel a quien traicionaron. En lugar de reproche, hay comprensión. En lugar de venganza, hay propósito. Yosef logra ver en su historia, algo que trasciende el dolor inmediato.
Llegamos al clímax emocional de la historia de Yosef. Años después de haber sido vendido por sus propios hermanos, el joven esclavo convertido en virrey de Egipto finalmente se revela ante ellos. Y lo hace con palabras que sorprenden tanto por su ternura como por su profundidad moral. En ese momento, Yosef rompe el ciclo del resentimiento, ofrece una mirada más amplia a través del sufrimiento, como transformación de un propósito.
Los midrashim enseñan que Yosef comprendió que cada paso, incluso los más dolorosos, forman parte de un camino hacia la preservación de la vida, evitó deliberadamente avergonzar a sus hermanos cuando se reveló ante ellos y su perdón no fue un gesto impulsivo, sino una decisión consciente de reconciliación familiar. En un tiempo donde las divisiones familiares, sociales o ideológicas parecen dominar el panorama, la escena de Yosef y sus hermanos nos recuerda que "acercarse" no es solo moverse hacia el otro físicamente, es abrir el corazón, es tener el coraje de dar el primer paso, aún cuando no haya garantías de respuesta.
Yosef nos enseña que no somos prisioneros de lo que nos hicieron, sino autores de lo que elegimos hacer con ello. Su historia es un llamado ético a transformar la herida en fuente de vida, a pasar del resentimiento a la reconstrucción. A veces el paso más difícil no es cruzar un océano, sino cruzar ese espacio del resentimiento, a no quedarnos prisioneros del dolor, sino a usarlo como un punto de partida para la compasión, la reconciliación y la esperanza. La Torá nos invita a mirar nuestro propio dolor con nuevos ojos, no a justificar lo que estuvo mal, sino a preguntarnos: ¿qué puedo construir a partir de lo vivido?
¡Shabbat Shalom! ¡Shalom al Yisra’el, Shalom al olam!
Hamoré Sergio Man
Diciembre 2025


