- Parasha
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“Moshé habló a los jefes de las tribus de los hijos Israel, diciendo: ‘Esto es lo que Hashem ordenó: Si un hombre expresa un voto a Hashem o un juramento para obligarse a cumplir una prohibición, no profanará su palabra; conforme a lo que dijo, hará’” (Bamidbar 30:2-3).
Entendidos literalmente, estos versículos hablan acerca del mandamiento de cumplir las promesas y que está prohibido faltar a ellas. Además de este mandamiento de cumplir con lo que uno promete, la Torá enuncia una prohibición que Lo yajel debaró, que literalmente significa ‘No profanará su palabra’, lo cual implica, tal como Rashí lo señala, que no debemos traicionar nuestra palabra convirtiéndola en julín, en ‘algo profano’.
Si bien es cierto que en general uno debe cuidar el habla y mantener la pureza, el versículo señala que si uno no cumple con su palabra, la palabra se profana, se vuelve julín. Si, por el contrario, la usa adecuadamente y cumple sus promesas, la santifica.
Indudablemente el mérito de las personas con un elevado nivel espiritual, es decir, por el gran mérito que tienen, Dios hace que se cumplan sus bendiciones. Los sabios afirman: “El tzadik decreta y el Santo, bendito sea, lo cumple”1.
La parashá de esta semana comienza con Dios recompensando en gran medida a Pinjas por su acto de fervor al matar a Zimrí y a Cozbi, quienes estaban cometiendo un grave pecado. Pinjas era de la tribu de Leví, mientras que Zimrí era de la tribu de Shimón. Esta no es la primera vez en la Torá en que estas tribus se asocian una con la otra; Rav Yaakov Kamenetzky nos provee un esclarecedor relato sobre la historia de estas dos tribus y sobre cómo se desarrollaron de forma tan diferente una de la otra (1).
"Y por la mañana tomó Balak a Bilam y lo hizo subir al altar del Baal para que desde allí pudiera ver una punta del pueblo"
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