- Parasha
- Visto: 382
Vayyikra 10:33 וַיֹּאמֶר מֹשֶׁה אֶל־אַהֲרֹן הוּא אֲשֶׁר־דִּבֶּר יְהֹוָה לֵאמֹר בִּקְרֹבַי אֶקָּדֵשׁ וְעַל־פְּנֵי כׇל־הָעָם אֶכָּבֵד וַיִּדֹּם אַהֲרֹן׃Y dijo Moshé a Aharón: “Esto es lo que ha dicho el Eterno, diciendo: En los que se acercan a mí me santificaré, y en presencia de todo el pueblo seré glorificado”. Y Aharón guardó silencio.
Hay escenas en la Torá que no solo se leen: se sienten. En el momento más intenso de inauguración espiritual del Mishkán, la alegría colectiva se quiebra de forma abrupta con la muerte de Nadav y Avihú. Y entonces, en medio de esa ruptura, la Torá nos deja una frase breve, casi insoportablemente densa: "Y Aharón guardó silencio". Ese silencio ha inquietado a lectores durante siglos. ¿Cómo puede alguien callar frente a una pérdida así? ¿Es resignación, aceptación, shock, fe? ¿O algo más complejo que no entra en ninguna de esas categorías?


